El corrido de Los Pérez

 En mil novecientos once les voy a explicar muy bien,  mataron a dos hermanos y a un primo hermano también.  El jueves 20 de abril  como a las tres de la tarde murió don Mariano Pérez  en las manos de un cobarde.  Carreras tan desgraciadas  esas carreras del Cerro perdieron vida y caballos  y perdieron su dinero. Fue don Mónico de Luna el que la mecha prendió, y a los primeros balazos fue el primero que corrió.  Mariano Pérez decía: déjenla ya por la paz, pues si así nos convendría sea por Dios no digo más.  Gabino Pérez decía:  muy macizo en sus razones yo también muero en la raya  no soy cría de correlones.  Isidro Pérez decía: nos pegaron a la mala si hubieran hablado al derecho otro gallo les cantara. Isidro cayó pal sur,  pal norte cayó Jesús mariano para el oriente como pintando una cruz. Vuela vuela palomita, Vuela paloma querida dile al padre do los Pérez que aquí terminó su vida.

La Historia

Cañadas de Obregón, Jal.- Cierto que la expresión pueblerina sobre acontecimientos trágicos muchas veces es rumor escueto o noticia sabida, más poco dicha abiertamente. Misma que la vox populi trata de no olvidar componiendo refranes, mañanas, corridos y otras formas para sintetizar el hecho y sostenerlo en el sentimiento de la gente.
Vayamos a 1910, cuando los hijos de don Longino Pérez y María de Jesús Herrera buscan destino en Estados Unidos para remediar la situación que vivían junto a tantos paisanos de la comarca, que como ellos dejaron sus tierras para buscar la vida. Los decires aún recuerdan que fueron amigos entrañables de todas las confianzas y demás, hasta que a petición de los Pérez, los paisanos Oropeza que se regresaban, convinieron en traer el encargo de ropa, armas y dinero que a la postre nunca entregaron. Valga el antecedente de la tragedia que se avecinaba, porque dolidos en su amistad, de regreso a su Cañadas, los Pérez hicieron demanda ante la autoridad competente, en la población de Yahualica, la que sin tardanza obligó a los Oropeza a regresar las pertenencias mencionadas, dejándolos en evidente vergüenza pública y mordaces rumores hirientes de los pobladores. No era entonces difícil encontrarse para vengarse en pequeñas poblaciones, amén de las carreras parejeras, las corridas de toros, las serenatas y cuanto evento acontecía por los días de febrero en la municipalidad de Cañadas, en donde se venera a la Virgen de la Luz, pero en tiempos que es tradición la de la Candelaria. Compadres y parientes lejanos, don Cesáreo Márquez y don Longino Pérez, este último con su potranca canela, formalizaron una carrera para calar sus cabalgaduras, fijando la fecha ya que pasaran las fiestas mentadas y para darse tiempo a que los animales fueran cuidados en serio. Mónico, personaje central en el latente conflicto, actuó llevando y trayendo habladas, calando el ánimo de ambos apellidos, que si bien no se tuteaban, tampoco buscaban roces. Entonces, el 21 de abril de 1911 desde muy temprano, las acomedidas personas llevaron sus vendimias hasta el carril del rancho Cerro Viejo, también conocido como Los Troncones, en donde además del día soleado se percibía lo tenso de las cosas, a tal grado que don Cesáreo y don Longino se aconsejaron, "vamos dejando la carrera pa’ otro día, al cabo, entre nosotros, ¿qué perdemos?" Pero intervino Oropeza, quien seguía de cerca a Isidro Pérez tentado a acobardarlo, y le dijo: "¡Los cobardes se rajan!". Longino Pérez haciendo buches de coraje le dijo a don Cesáreo "vamos haciendo la pareja".  Recuerda don Juan Muñoz, que para entonces era un niño, y que había llegado pronto al carril "Vimos tres o cuatro parejas antes de que se soltara la balacera y quedaran tendidos los cuerpos de los señores, aunque uno de ellos no murió al momento, sino ratos después. A don Mónico Luna lo recuerdo muy bien, llevaba su sombrero ancho y pinto, de los que fabricaban en Yahualica, traía el barbuquejo puesto, y muy hablador como siempre a los primeros fogonazos fue el que corrió.